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critica teatral

06/12/2023@11:11:00

La mirada de la máscara. Que parece impersonal y sin vida, pero es todo lo contrario.

En un momento podemos pasar de la alegría y llanto y de las penas a la risa. Y no siempre depende de la suerte. Sino que esta, la alegría, hay que trabajársela igual que si fuera una historia con final abierto, a expensas de lo que estemos sintiendo en el desenlace del destino.

Juan Goytisolo, en su obra España y los españoles (editada por Lumen en el año 1969) cuando habla de Hermingway nos dice que para él la interpretación de las corridas de toros son un acto, fundamentalmente de orden religioso, cuando un hombre (el torero) se rebela contra la muerte, porque en ese acto asume el tributo divino de dispensarla, haciendo del torero un émulo de Dios.

Gente de bien, gente corriente, unos junto a otros, en soledad, sin libertad, mal viviendo en muchos casos y, a veces, no nos damos cuenta que todo conduce hacia la muerte.

En esta tarde gris donde ya no te hallo, donde ya no estás ni te encuentro, de melancolías y de lluvias pasadas, cuando envío mensajes a un aire que no respiras, cuando echo la vista atrás hacia lo que fueron nuestros encuentros, cuando ni siquiera tengo fotos donde poder mirarte.

Año 1600, en Alcalá de Henares. Quisiera contarte limpiamente los hechos. Pero están cargados de violencia, de ensañamiento, de sangre.

Berlín, Berlín, tú conoces los recovecos que llegan al otro lado del muro, los pasadizos que comunican con la zona occidental, Berlín, Berlín, de mi corazón, hay dos “Berlines”, un Berlín de sueños, y un Berlín de realidad despierta, un camino hacia la aventura, una ciudad dividida.

Tú ponte ahí, en tu terreno de juego, yo me pongo en el mío, calentemos, concéntrate, relájate, no vayas a lesionarte antes de tiempo, mide las distancias, sopesa las palabras, dale alas a la imaginación, recuerda los límites del campo y las reglas del juego, sáltatelas, no te persignes, vuelve a empezar siempre que se requiera, recuerda tus derrotas, silba tu canción preferida, si es que la tienes, te reto, pero seamos corteses, démonos la mano, te miro con embeleso, respira hondo, ponte el atuendo adecuado, sueña en paz en la derrota, no te regodees en la victoria, y atraviesa el aire, el humo, la barrera del sonido, escucha cada golpe de la pelota de pin pon, la mesa es nuestro centro, cada bote podría ser un beso, pero confianzas, las justas, escucha el silencio, mi respirar, mi esfuerzo, puede que algún día me convierta en mesa, en red, en pala, en pelota misma, el horizonte es espeso, oye mi corazón, es como el botar de las pelotas sobre el tablero, cómetelas, expúlsalas luego, gira, da vueltas, la pelota está en tu campo, ¿cuántas pelotas hay en este momento? siente el cuerpo, siente El Temblor, el estremecimiento, hay que Quemar las naves, tanto PPPP, tanto caos, copos de nieve convertidos en pelotas de pin pon, piedras de la memoria, resistencia de los cuerpos, yo contigo en tus desvelos, sabiendo tus secretos, no hagas trampas, cuenta los fallos y los aciertos, suspira, respira el humo de los deseos.

Cervantes no ha muerto. Sigue y continuará vivo por los siglos de los siglos venideros, donde nuevos lectores se adentrarán en sus personajes y llegarán a creer que un día fueron ciertos y existieron.

Hay tragedias insondables, que vienen desde la época helenística desgarrando corazones, acumulando venganzas, provocando incendios sentimentales, incestos, mitos, rencores, oráculos invisibles que conducen a un destino insoslayable.

Bécquer y los gorriones. Leer a Bécquer. Sentirlo en su conocimiento. Conocerlo en su sentimiento. Desesperados versos románticos aquí dichos, interpretados, cantados, musicados, con la elegancia del teatro, con la sensibilidad de la poesía, con la emoción de la música, con la fuerza de las palabras.

Acto I, esto es un poema. Una declaración de principios. Un biopic sin historia. Es Andalucía, es Manhattan, es Carabanchel sin barreras. Es música y es escena, es Cuento de Navidad sin serlo, es Tiny Tim, es performance, es reality show, es la sinrazón a que mi razón se hace, nace, crece y muere.

Solamente nombrarte ya me produce dolor. Solamente pensarte, casi. Por saberte ahí, instalado en mi frágil cuerpo, aunque aún sea joven, haciendo de las tuyas, que no es otra cosa que venir a molestar.

Hace años se tenía miedo. Los libros eran peligrosos porque contenían ideas. Y algunas veces era peor lo que no se había escrito.

Una mañana fallecí sin darme cuenta. No me atropelló un autobús, ni me tiré por una ventana. Tampoco tuve una enfermedad incurable en su fase final. Me ejecutaron, y con razón.