Es su arma, más que su herramienta de trabajo, y lo hace suyo, tan suyo, que le declara su amor en primera persona: Roland mon amour.
Y así se convierte en el objeto de su deseo y nos hace partícipes a nosotros. Partiendo de unos datos personales y biográficos para mostrarnos el compás de su propio corazón, en una rara complacencia y complicidad de voz, baile, texto, performance, confidencialidad.
Va ascendiendo en su puesta en escena, a pesar de darnos un descanso, en el que no abandonamos nuestras butacas, pero ella sí. Pero, como voz de nuestra conciencia nos sigue relatando el destino de los residuos, las hogueras apagadas que siguen echando humo, la desnudez de esta sociedad que se cubre con harapos que parecen trajes de lujo.
Nos hace ver la bufonada de este mundo, donde las artistas galegas, pudieran surgir de bosques profundos, y parece que son muchas, pero no hay tantas, dice ella. Así, entre la música ecléctica, dicho a propósito, aunque no lo sé, porque puede que sea electrónica y su voz de resistencia, nos llena de imágenes punitivas de todo lo que acontece en este territorio habitado por seres que se llaman así mismos, humanos.
El Roland, mon amour y Cristina Balboa se desapegan de la soledad, haciéndose mutuamente cariños. Y nos hacen partícipes del temblor de lo que ocurre, cantando canciones inventadas y rememorando a Rosalía, que puede ser una o puede ser la otra.
Hay que dejar de ser inocentes, que el agua está por las nubes y por eso llueve torrencialmente, que la luz está altísima y por eso nos puede dar un calambrazo de alta tensión, que nuestra tensión arterial se dispara y podemos morir de ese disparo, que la oscuridad constriñe todo y distorsiona el sonido, y por eso Cris Balboa nos canta a las sombras de una tarde donde ya oscurece más tarde, y nos muestra que el paraíso perdido, efectivamente, lo perdimos del todo hace ya mucho.
Es su mundo, que es el nuestro, que es de las grandes empresas, que es el de los poderosos y, como diría mi admirado León Felipe, el de las raposas que dominan el cotarro.
Esta noche tiene ganas de bailar. Y nos cuenta la libertad, la verdadera, no la de tomarse unas cañas por Madrid, y no encontrarte con tu ex, habla de poesía, de los altares a los que no habría que presentar sacrificios, del recinto de los sueños que se escapan, pero no tienen dónde ir, y habla de realidad, de bajones, de lo cotidiano que normalizamos cuando se repite muchas veces, que no significa que se haga bien, habla de amor, de fiesta, de música y de rabia, de egos y de deseos, que todo fermenta pudriéndose y que justificamos, nos habla de sí misma y nos lo comparte, que para eso se lo ha currado, ¡ea!
FICHA ARTÍSTICA
ROLAND MON AMOUR
Texto, dirección y reparto: Cris Balboa
Dramaturgia: Cris Balboa y Alberto Cortés
Intervención artística en el espacio: Mauro Trastoy
Iluminación: Laura Iturralde
Vestuario: Gloria Trenado
Producción: Centro Dramático Nacional, Cris Balboa y Centro Dramático Galego
Espacio: Teatro María Guerrero – Sala de la Princesa