No volverán las oscuras golondrinas... está conformado por cinco relatos de diversos estilos y temáticas: Rugidos en la noche, Cara de piedra, Mariñeiro, No volverán las oscuras golondrinas... y Monte Arruit. Este último, el más extenso con sesenta y tres páginas frente a los demás que oscilan entre seis, dieciséis y diez.
Hay un elemento común a todos ellos y es la importancia del sentimiento, los efectos del corazón y su solvencia. Se trata de una narrativa escrita con gran rigor literario y una profunda visión del alma humana.
“Rugidos en la noche” desarrolla uno de los dramas de los que están llenos las crónicas de cualquier telediario: la tragedia en el ámbito familiar cuando el padre abandonado por su mujer ahoga su dolor con la muerte de sus hijos. No es una muerte vicaria porque él no mata a los hijos por vengar su derrota, su abandono causando dolor a la madre, sino para evitarles el sufrimiento que él está padeciendo. Desde la primera línea sabemos que el dolor se va a apoderar del relato. Nos dice el escritor: “A Martín García Revenga, después de su divorcio se le apagaron las luces”. La mujer se fuga a Sudamérica con un norteamericano y él queda con sus hijos Martina y Martín. La atención psicológica no logra recuperarlo siendo ajeno a un discurso criticado por el escritor como lleno de “simplezas de manual de autoayuda, traducido del inglés, que la vida es bonita, que sus hijos le daban sentido al esfuerzo de cada día”. Tampoco su formación intelectual lograran evadirlo del pozo en el que acaba adentrándose. López Barrios va desarrollando la historia y el proceso de relación entre los hijos y el padre, el comportamiento con ellos siendo Halloween un momento concreto en este proceso, pero los hijos no entienden nada de la actuación del padre. Una situación que, dentro de la tragedia, puede resultar esperpéntica, pero permite adentrarnos en el juego de los hijos e ir creando una especie de juego escénico para llevarnos a la sorpresa final, cuando en ese recreo, se van a la playa a bañarse y mientras el padre llora va adentrándolos en el agua y acaba ahogándolos, suicidándose finalmente: “Hablaba como un autómata, porque hacía tiempo que la vida había dejado de interesarle (…) Alejar a sus hijos del horror que aparejan la vejez y la muerte. Librarlos del dolor de las mentiras y las traiciones”. Llevado por el dolor terrible de haberles dado muerte trata de besarlos pero es incapaz: “Y la cadena del amor enloquecía, sanaba, mataba, moría y llenaba de fuego o de hielo, el latido, cálido y misterioso, de la vida”. Una tragedia sostenida sobre el absurdo existencial y un modelo de sociedad con la que es muy crítico el autor al tratar de profundizar en un hecho que muchas veces desde fuera es contemplado con ojos acusatorios sin penetrar realmente en el drama que se está desarrollando.
“Cara de piedra” es la más breve. Con ella obtuvo en 2021 el International Literary Award “Canne al Vento” en Italia, premio convocado en memoria de Grazia Deledda. La condición de este concurso es que los que se presenten a él se inspiren en la famosa novela Canne al vento de la premio Nobel Grazia Deledda. Una novela que desarrolla la historia de una familia noble de terratenientes en decadencia siendo protagonistas las tres hermanas Pintor y su sirviente Efix, que intenta hacerlas sobrevivir. Con la llegada del licencioso sobrino Giacinto, comenzarán a surgir rencores, pasiones, recuerdos… Efix, guardián de un secreto inconfesable, buscará redimirse de una falta que lo llevará al borde de la locura y la muerte. Sobre toda la literatura de Grazia Deledda planea el pecado como una fuerza destructiva e inexorable que conduce al ser humano a su propia disolución. Con este marco López Barrios construye una obra surreal sobre un misterioso y elegante español que llega y se aloja en el Hotel Grillo y que “no parecía de este mundo”, preguntando por Grazia Deledda. E iba anotando textos de Grazia sobre la visión del mundo, los fenómenos cuánticos, comentarios sobre su obra panteísta. Cuadernos que son analizados por la policía y vamos enterándonos de lo escrito en ellos. El español se va haciendo preguntas sin respuesta sobre aquella mujer primitiva, las partículas subatómicas y la necesidad de encontrarla. Pero de pronto desaparece y comienzan a buscarlo. En realidad, hechos extraños que sucedían en las noches de luna llena y hablaban de la relación entre vivos y muertos y que “la carne y las piedras son la misma cosa”, permaneciendo su desaparición en el misterio. Es obvio que en este homenaje ha querido López Barrios dejar un halo de misterio y submundo inexplicable o solo explicable a través de la literatura cuántica, tan desarrollada a lo largo de su vida por Gregorio Morales, que nos hablaba de la necesidad de que la novela sistematizara una síntesis entre literatura y vida. Una estética que nacía básicamente de la física cuántica de Planck, Somkerfeld, Einstein, Born..., los campos morfogenéticos del físico Rupert Sheldrake…, pero también la psicología de Jung, el pensamiento borroso de Bart Kosko, el pensamiento complejo de Edgar Morin... Gran parte de esta concepción estética surgía como consecuencia de un planteamiento novedoso ante la realidad y los descubrimientos científicos que nos señalaban que la realidad no era la que planeó la estética novecentista y prosiguió con ligeros matices dominando en el siglo XX. De pronto la ciencia descubría que “el mundo está compuesto de ´materia mental´ (...) A medida que los metafísicos penetran más y más en los elementos básicos del denominado mundo ´no físico` o psicológico, descubren también que el mundo de la materia y de la energía, o cuerpo y mente, no son tan distintos como nos han hecho creer...” (p.19, citando a Ken Wilher y sus Cuestiones cuánticas). Algo de todo ello quiere sugerir López Barrios al hablar de universos conectados en una historia profundamente novedosa y que tanto tiene que ver con la experimentación y la vanguardia. Algo que ha sido siempre innato en este autor.
“Mariñeiro” es una obra muy inserta en la narrativa gallega en su aire mágico. Hay una teoría evidente de que el realismo mágico no fue inventado por los narradores latinoamericanos sino que ya estaba vigente en Galicia. De hecho la abuela de Gabo, Tranquilina Iguarán, había llegado desde Galicia a las cercanías de Macondo, contando a su nieto episodios de lo natural y sobrenatural que convivían amablemente. Álvaro Cunqueiro es uno de los grandes representantes en este sentido, pero no olvidemos a Valle-Inclán, Wenceslao Fernández Flórez o Torrente Ballester y, más cercano en el tiempo José María Merino. López Barrios que vive en O Grove casi todo el año ha sabido empaparse del espíritu gallego avant-la lettre –no solo en el uso del gallego en determinados momentos- sino en la atmósfera y en el acopio sensitivo. Y construye un relato entrañable, todo un homenaje a los marineros gallegos. De hecho está dedicado a Xose Allegue, arquitecto y navegante. En él, con un espíritu muy melancólico y muy lírico desarrolla la entrañable historia del pobre Manuel, nos sintetiza su recorrido vital tenuemente y su amor al mar: “Porque enamorarse es aprovechar la vida, poner las ramas para construir con calma el nido de las pasiones”.
Es una historia a caballo entre lo memorial, lo melancólico y nostálgico sobre un hombre feliz y decidido sobre el que ofrece una visión amplia, generosa y muy comprometida con sus sueños y deseos. El de una persona sencilla que se enamora de una mujer, Carmen, pero se le acaba torciendo la vida, por el abandono de esta, como en la historia primera (es curioso y digno de comentario): “Pensó que el amor era aquella ardentía que le devoraba el estómago y le aceleraba el corazón cuando veía a Carmen, Carmeliña”. Y con vidas paralelas él quedará solo con el niño que le ha dejado.
Conoce a otra mujer, la ecuatoriana Mirella, pero tiene que sufrir también la muerte del hijo por sobredosis: “Manuel enterró a su hijo sin tristeza visible, pero con un dolor inacabable que le golpeaba día y noche como un martillo demente y enfurecido”. El aire existencial y las artes de la pesca, el desarrollo psicológico del personaje… va conformando una historia muy lírica y triste en la que surge finalmente la poesía de Rosalía de Castro y el famoso poema que más gustaba a Manuel: “Cuando pensó que te fuches/ negra sombra que me asombras”. Y esa imagen final con el pajarillo que se posa mágicamente en su hombro. Creo que es, con diferencia, el mejor relato del libro por muchas razones: la atmósfera que va construyendo y esa aleación entre el mundo real doloroso y lo mágico del lirismo asociado a ese jilguero que se posa en su hombro y la coda final, todo un símbolo sentimental como homenaje a los aguerridos marineros: “A veces, al anochecer, cuando los pájaros se recogen en sus nidos, se oyen trinos y gorjeos entonando “Negra Sombra”. Y hacen una música limpia y solemne…”
“No volverán las oscuras golondrinas. Cuento taurino sin toros ni toreros”. En realidad, es un cuento de carácter alegórico en el que desde la primera persona surge este misterio en las palabras iniciales: “Me asomé al precipicio y me envolvió una tela de araña cálida y pegajosa”. ¿A qué se refiere el narrador? Después sabemos que estamos en el mundo latino, que es un césar quien nos habla de orgasmos, cuadernas de barcos, orgías sangrientas… y los porteadores llevando al César en un recorrido majestuoso por la geografía siciliana, portando un “instante de gloria y una eternidad de vacío que él, piensa, acogerá sin recelo”. Van entrando en Brindisi con un aire lírico y majestuoso y una descripción prístina sabiendo que “la vida es el suspiro de un corazón ardiente”, para finalmente, en el circo contemplar a los que van a morir, que saludan al César, mientras la alusión a Dante y su Divina Comedia se hace presente tanto como la imagen de un Cristo que pregunta por qué el padre lo ha abandonado, uniendo ambas realidades. Un relato singularmente críptico, experimental, que nos permiten deambular por un mundo antiguo sobre el que proyecta una alegorización presente sobre el honor y la dignidad.
“Monte Arruit” es una historia realista que desarrolla los acontecimientos luctuosos del desastre de Annual a través de la figura de varios soldados, Curro (Francisco García Linares) que va desde Almería a Melilla frustrando su amor hacia María, y Rafael. Sobre ambos personajes, muy distintos uno de otro, más chapado a la antigua Curro, más emprendedor Rafael; uno más rural, el otro más urbano… va construyendo ambas vidas y pensamientos, mientras al mismo tiempo desarrolla todo el proceso de encuentro con un nuevo mundo, el de Melilla y una ciudad tomada por los soldados. Es la historia más cercana a una novela breve, y participa del proceso narrativo de esta en cuanto a la extensión de lo relatado y las descripciones creando una ambientación propicia para entender la realidad del desastre de Annual con el que se muestra muy crítico. Dirá Curro: “También me gustaba Rafael. Se notaba que venía de una ciudad grande, y tenía mucho mundo. No me importaba que fuese anarquista. Sabía tantas cosas como mi abuelo”. La guerra, al mismo tiempo, se va apoderando en determinados momentos del relato y el sistema de corruptelas existentes, pero también nos muestra la ambición de Rafael en su intento de construir un futuro y hacerse rico. Por supuesto nos hallamos con la presencia de Abdelkrim y los proyectos de ambos parejos a la derrota de España: “Mi vida y mis proyectos –dirá Curro-, comparados con los de Rafael, no tenían interés: buscar trabajo como dependiente de comercio o aprendiz de albañil cuando terminase la mili”.
Al mismo tiempo se introduce la interpolación de una breve historia secundaria en torno al hombre de negocios Vicente Verdú Amorós, que le servirá de guía para lo que pretende Rafael. Las reflexiones sobre la situación militar y el papel de España son frecuentes. Por ejemplo: “El ejército nos parecía el instrumento adecuado para resolver nuestra curiosidad y nuestras inquietudes. Pero nos equivocábamos. Aquello era el infierno, era jugarnos la vida al servicio de intereses que desconocíamos”.
En otro momento dirá: “Cuando nos desplegamos, intuí que no éramos protagonistas y testigos de un movimiento táctico, sino del derrumbamiento del Ejército español en Marruecos. Porque lo que al principio parecían cientos se convirtió en miles de soldados que corrían desesperados mientras, desde las alturas, moviéndose en paralelo a los fugitivos, los moros los perseguían y les disparaban sus espingardas”.
Las escenas de guerra se producen y al final de la historia, Curro, que sabe que va a morir, entrega una carta dirigida a su amada para que la lleve Rafael, consciente de que él sí sobrevivirá. En ella le dice que si la recibe sabe que habrá muerto explicando su situación, le pide que no lleve luto por él y que sea feliz, así como que la querrá siempre.
En definitiva, una obra rica, diversa, plural, con un buen número de registros que nos adentran por historias marcadas por el dolor, el reconocimiento, el absurdo de la existencia, siempre con un aire melancólico, crítico y profundamente lírico y sentimental. Como él es.
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