En este ensayo, se analizan las claves estratégicas de la guerra y las posibles soluciones a una crisis que está redefiniendo el equilibrio de poder en el viejo continente.
De acuerdo con este volumen, armas nucleares están en posesión de nueve países: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China, Rusia, Corea del Norte, Israel, India y Pakistán. Estos países cuentan en total con más de 12.000 ojivas. A pesar de que este número es considerablemente menor al de épocas pasadas, este militar opina que todavía representa riesgos significativos y sigue siendo excesivo para garantizar la seguridad global en la actualidad.
El equilibrio estratégico ha sido puesto a prueba por la guerra en Ucrania, lo que genera una inquietante pregunta: ¿qué tan lejos está dispuesto a llegar el Kremlin para garantizar la victoria? Según Eduardo Zamarripa, Vladímir Putin enfrenta un desafío existencial debido al conflicto en Ucrania. Si el líder ruso no logra obtener una victoria contundente, su régimen podría verse amenazado y su futuro personal se tornaría incierto.
La viabilidad de un dominio estable de Rusia sobre Ucrania se torna cada vez más improbable después de tres años de conflicto, sostiene el teniente general. Además, enfatiza que si Moscú consiguiera establecer un gobierno títere, tendría que lidiar con un sentimiento nacionalista que se ha arraigado profundamente, así como con la firmeza con la que Ucrania define su identidad europea y la percepción persistente de Rusia como un enemigo histórico.
El ensayo menciona que Moscú podría encontrar un obstáculo insalvable si decide invadir Ucrania: la reconstrucción económica del país. En este contexto, Putin se enfrenta a un dilema; debe elegir entre aceptar una derrota, algo que resulta inconcebible, o ganar la guerra y cargar a Rusia con una responsabilidad abrumadora.
De igual manera, la estrategia de "escalar para desescalar" es analizada en profundidad por Zamarripa, quien sugiere que Putin podría contemplar esta opción ante la creciente dificultad de alcanzar una victoria total. Según el autor, el Kremlin podría llevar a cabo una demostración limitada de fuerza nuclear como parte de esta táctica, con el objetivo de presionar a Occidente para que reevalúe su respaldo a Kiev.
El uso de armamento nuclear táctico podría alterar el curso del conflicto sin provocar una guerra total, según este concepto. A diferencia de las armas estratégicas, que están destinadas a la destrucción masiva y a la disuasión a gran escala, las nucleares tácticas tienen un alcance más restringido y son diseñadas para objetivos militares concretos. No obstante, el teniente general advierte que cruzar esta línea roja "podría llegar a tener consecuencias difíciles de imaginar".
El papel de la disuasión nuclear en la historia es examinado en profundidad por el libro, que también analiza cómo la amenaza atómica ha moldeado conflictos pasados. Zamarripa estudia los acuerdos de no proliferación y las estrategias implementadas tanto por Occidente como por Rusia, contextualizando el caso de Ucrania dentro de un marco histórico más amplio. A través del análisis de conflictos como la Guerra Fría y los recientes enfrentamientos geopolíticos, el autor nos invita a reflexionar sobre la verdadera utilidad de las armas nucleares en un mundo cada vez más incierto.
La cuestión central que se plantea en el capítulo final de "La amenaza nuclear" es la siguiente: ¿qué futuro aguardará a Europa en este nuevo contexto global? ¿Es necesario que el continente fortalezca su autonomía estratégica, o es inevitable continuar dependiendo de la disuasión nuclear proporcionada por EE.UU.?
Zamarripa señala que Europa se encuentra ante una encrucijada: optar por fortalecer su autonomía estratégica o continuar bajo la protección de EE.UU., en un contexto donde cada elección puede determinar su futuro en el nuevo orden global.
Eduardo Zamarripa Martínez (1945), es teniente general retirado. Ingresó en la Academia General del Aire en 1965, graduándose como teniente en 1969. Durante su carrera como piloto de caza acumuló 4.500 horas de vuelo en aviones como el F-5, F-4, Mirage F-1 y F-18.
Desempeñó cargos importantes en la OTAN, el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) y el Ministerio de Defensa, destacándose en la dirección de operaciones, infraestructura y programas estratégicos.
En 2012 fue nombrado Director General de Infraestructura del Ministerio de Defensa, cargo que ocupó hasta 2018. Es doctor en Seguridad Internacional por la UNED y Licenciado en Ciencias Económicas y en Filosofía y Letras.
Es autor de libros y artículos sobre aviación, seguridad y defensa y combina su vasta experiencia militar con la investigación académica y la divulgación.
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