www.todoliteratura.es
Javier Sierra
Ampliar
Javier Sierra (Foto: Javier Velasco Oliaga)

Una noche en el Museo del Prado con Javier Sierra

“Yo no veo cuadros, veo novelas”
martes 25 de febrero de 2025, 21:00h

Allá por el 2006 se estrenó en todas las carteleras del mundo la película “Noche en el museo”. El pasado lunes, Javier Sierra nos invitó a pasar parte de la noche en el Museo del Prado para presentar su nueva novela “El plan maestro”, basada en un hecho real que relató en “El maestro del Prado”, pero en esta ocasión ha analizado otras grandes obras que tienen algo de mágico y de intriga.

El plan maestro
El plan maestro

Ya hace más de un siglo, el actor y humorista Tony Leblanc nació en una de las salas del museo. ¿Realidad o ficción? No lo sabemos, lo que sí es cierto es que su padre era conserje del museo y vivía con su esposa en una de las casas que había para los trabajadores en el anejo edifico de Villanueva. Esto lo reflejó en la película “El pobre García”, de la que fue director y guionista.

La visita nocturna al museo, de la mano de Javier Sierra, comenzó en la sala 56 A dedicada a El Bosco, donde está su cuadro más famoso “El jardín de las delicias”. La parte superior del cuadro es la que ha utilizado el escritor turolense para la portada de su nuevo libro. El ojo que todo lo ve. “Este es el cuadro que más personas desnudas aparecen de la época clásica”, apuntó el escritor y añadió “es un prodigio de geometría. En la parte superior central del tríptico está pintado el ojo de Dios. Salvador Dalí se quedó fascinado con esta obra y se veía a sí mismo en la tabla de la izquierda”.

Otro cuadro que le influyó fue “Las Meninas”. “Dalí venía con asiduidad, cuando estaba en la Residencia de Estudiantes, a contemplar estas dos grandes obras, para él, el cuadro de El Bosco era ver la vida en las ciencias”, dijo el autor. Esta búsqueda de inspiración lo llevó a explorar la geometría presente en las obras del pasado.

La geometría en el arte

El escritor destacó que “la realización de un ánimo corposo para este reto significa entrar en su geometría”. Según él, esta geometría es fundamental para comprender las composiciones artísticas, donde se mezclan figuras humanas y elementos naturales. “Podéis verla, si cerráis los ojos”, añadió, refiriéndose a la experiencia sensorial que ofrece el arte.

La perspectiva de este cuadro es asombrosa y “genera un impacto visual increíble que solo está al alcance de artistas como Durero, Leonardo da Vinci o Botticelli que han forjado elementos teológicos en sus pinturas, creando una segunda visión que debe ser interpretada por el espectador”, señaló el autor de “El plan maestro”.

Para Javier Sierra, “el arte puede fecundar ideas y sentimientos”. En su análisis, ha remarcado que muchos pintores estaban obsesionados por conocer el interior del cuerpo humano, enfrentándose a prohibiciones severas sobre la práctica de autopsias durante su época. “Está claro que Botticelli conocía a la perfección el interior del cuerpo humano y así lo pintó pese a los problemas que pudiera tener. Es una metafórica autopsia del alma humana. La conexión entre el arte y la percepción sensorial es crucial para entender su mensaje subyacente.”, sentencia.

Las manos en las cuevas rupestres

Durante el recorrido por el museo explicó las raíces del arte, hablando sobre las manos encontradas en las cuevas rupestres: “Hoy sabemos que aproximadamente entre el 25 y el 30% de esas manos son manos de niños”. Esto revela cómo desde tiempos antiguos, los niños han participado activamente en la creación artística, dejando huellas significativas en la historia del arte. Las manos de las mujeres están reflejadas en una cantidad semejante.

“Las cuevas guardan acústicas especiales”, añadió, destacando cómo estos espacios eran utilizados no solo para crear arte sino también para establecer una comunicación profunda con lo espiritual. Esta interacción entre humanos y naturaleza es un tema recurrente en su discurso.

“Hay que recuperar el poder de la imaginación”

Siguió desvelando misterios del arte. “Los niños tienen una facultad mayor que los adultos para interpretar y ver cosas que nosotros no apreciamos. Con mis hijos he aprendido mucho. Ahora, yo no veo pinturas, veo novelas. Cada cuadro tiene una historia diferente. Estamos acostumbrados al efecto Instagram, pasamos por las salas de los museos sin fijarnos en profundidad en las obras. Tenemos que recuperar la capacidad de la imaginación. Tenemos que tener una contemplación activa. El arte, para entenderlo, ha de ser explicado”, expuso.

Para él, “hay una visión supremacista de las ciencias sobre las humanidades, no nos damos cuenta que ambas son igual de importantes. En las humanidades, todo el mundo es explorador y en el arte lo que más”. No quiso terminar su recorrido sin pararse en el cuadro de Antonio Muñoz Degrain “Los amantes de Teruel”. “En el siglo XIX se escribieron muchas novelas históricas y también se pintaron muchos cuadros históricos. Y este, que es de mi tierra, me llama mucho la atención”, explicó.

Finalmente, el escritor compartió sus reflexiones sobre su propio proceso creativo: “Mi libro “El maestro del Prado” empezó siendo un libro maldito. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en un gran éxito. Mi primera idea fue sacarlo en edición de bolsillo, pero todo se precipitó”, reconoció que ese cambio le permitió explorar nuevas dimensiones dentro de su narrativa artística. Sus libros han sido publicados en 44 países y del último, señaló su editora Belén López Celada, “es su novela más ambiciosa.

“Esa imagen del cuadro se ha abierto”, ha concluido al referirse a su experiencia personal con el arte. Su enfoque invita a los lectores a mirar más allá de lo superficial y descubrir las múltiples capas significativas presentes en cada obra.

Puedes comprar el libro en:

https://amzn.to/4kh1inO
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios