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Comentario sobre "Elegía a Rubén Darío y Canto a la muerte", de Marvin Salvador Calero Molina

lunes 24 de febrero de 2025, 22:21h
Elegía a Rubén Darío y Canto a la muerte
Elegía a Rubén Darío y Canto a la muerte

Como ávido lector de la buena literatura, especialmente de la nuestra, la nacional, es reconfortante encontrar voces que reflejan el pulso cultural de nuestra tierra. Dentro de la poesía chontaleña, con sus características muy propias, su identidad singular moldeada por nuestra geografía e idiosincrasia, Marvin Salvador Calero ocupa un lugar especial en el mapa literario nicaragüense.

Desde el prólogo de su obra "Elegía a Rubén Darío y Canto a la muerte" brinda un placer literario que permite conectar su poesía en un diálogo intrínseco con los grandes poetas de las diferentes generaciones y movimientos de poetas en nuestra Patria. Marvin Salvador, no solo es una nueva expresión lírica y aislada, su voz deviene de su liróforo, de la fuente inagotable del Bardo Rey, nuestro Rubén.

Entre los distintos poetas que el Señor Enrique Solinas menciona en el prólogo para destacar su calidad y la tradición literaria de la que deviene Marvin Salvador, acentúa el final de la lista el nombre del Poeta Héctor Avellán, a quien tengo el honor de conocer personalmente y de haber sido su alumno en un taller de literatura creativa. Debo decir pues, que su libro me ha permitido conocer, reconocer y valorar profundamente a poetas como Héctor Avellán y Marvin Salvador, dentro de la literatura nacional.

Los treinta y cinco poemas que conforman esta antología han sabido tocar certeramente las fibras de mi alma. A medida que uno avanza en la lectura, reconoce ecos de obras previas que resuenen en el contenido de este poemario, lo que identifica a Marvin Salvador como gran lector, que está informado y documentado de lo que escribe. Algunos de estos poemas destacan lenguaje cercano y cotidiano como el poema “Email al Maestro Rubén Darío”, mientras que otros adoptan una complejidad estética propias del modernismo y parnasianismo, como ocurre en “Centauro Euritión”.

En el poema “La muerte del cisne” se evoca el mítico reloj Ingersoll, propiedad del Maestro Rubén Darío. Sobre ese reloj el escritor Augusto Puertas sostiene que el General Sandino buscó en él una forma de conexión espiritual con su “padre espiritual” el Bardo Eterno, Rubén. Quería sentir sus pulsaciones y esa huella del tiempo efímero que vivieron los dos en este plano.

El destino de este reloj adquiere tintes legendarios, pues volvió a marcar la hora trágica la noche del 21 de febrero de 1934 en Campo Marte de Managua, pues el mismo Sandino, la noche de su asesinato portaba el reloj de Darío. De ahí se desprende historias alternativas de lo que ha pasado póstumamente con ese reloj.

No puedo dejar de referirme al poema El busto que carece de epitafio, situado en la ciudad de Xutlicalipan, nuestra querida Juigalpa, cuya toponimia náhuatl se traduce como "Tierra de Caracolitos Negros." Este poema logra revalorizar no solo el nombre ancestral de la ciudad, sino también su patrimonio cultural, en el que el Parque Rubén Darío ocupa un lugar emblemático.

La evocación poética me lleva a repensar mis propios recuerdos de infancia, cuando tantas veces recorrí aquel parque sin detenerme a contemplar la aludida estatua. Hoy, a través de estos versos, me reconcilio con ese símbolo que, en su silencio, guarda una historia que merece ser mirada y entendida.

Las ideas que recorren este libro —antimperialismo, nacionalismo, cristianismo, parnasianismo, entre otras— se entrelazan con una belleza cautivadora que atrapan al lector desde el primer verso hasta el último. Mención especial merece el poema Dios es un intelectual, donde el autor sostiene que Dios es el más grande oyente, el lector supremo, amante de la poesía, el poeta más sublime y el mayor crítico literario.

Ante semejante afirmación, devuelvo la pregunta que sugiere el poema: ¿qué estará pensando Dios de su poesía y de esta Elegía a Rubén Darío y Canto a la Muerte? Sin duda, a Marvin Salvador Calero Dios lo habrá inscrito en la misma escuela literaria de nuestro Maestro y Padre Mágico, Rubén Darío, reconociendo en él a un digno heredero de su estirpe lírica.

Gracias al Poeta Marvin Salvador Calero, por dar vida a esta extraordinaria obra y compartirla generosamente con los lectores de Chontales, Nicaragua y Más Allá... Su poesía enriquece nuestra tradición literaria y reafirma la grandeza cultural de nuestra región.


Bryan Dávila
Región de Lovigüisca (Lóvago), Chontales

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