La imagen de una mujer muerta en un lago y la de un hombre que cae desmadejado, justo al pie de la tumba en la que entierran a su padre, hilan una trama envuelta en una intrigante y poética atmósfera, en la que se aborda la historia de un hombre recluido en la habitación de un hospital tras regresar a su pueblo para cuidar a su progenitor.
El protagonista va desgranando sus recuerdos de infancia, transcurridos en los años del tardofranquismo y en el ambiente hosco de un poblado minero; circunstancias que harán revivir en el protagonista experiencias lejanas junto a curiosos personajes.
La novela, enmarcada entre el mundo rural hoy casi extinguido y una sociedad urbana herida por el desencanto de una crisis económica, ideológica y moral, está trufada de hermosas imágenes y pasajes de sobrecogedora belleza, en los que se funden la emoción, la ternura, el olvido y la pena, el odio y el amor.
Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, 1957) comenzó a escribir muy joven y hasta la fecha ha publicado poemarios como El Valle de los Tristes (1985), La tumba del arco iris (1994), Los pájaros del frío (2000), La tierra en sombra (2008) y Las voces derrotadas (2011), y recibido premios como el Nacional San Juan de la Cruz, Iberoamericano Rafael Alberti, José Hierro, el Andalucía de la Crítica, el Fray Luis de León y el Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”, entre otros.
Ha escrito asimismo poesía infantil, tres ensayos narrativos sobre la desaparición del mundo rural y once novelas, una de las cuales, El libro de las aguas (2007), fue adaptada al cine por Antonio Giménez-Rico. Tras El jardín vertical (2015) y Entre zarzas y asfalto (Berenice, 2016), resulta ganador del Premio Jaén de Novela, uno de los más prestigiosos del país, gracias a Los perros de la eternidad. Hijo Predilecto de su localidad natal, en 2007 se dio su nombre a una plaza de la misma ("Plaza de Alejandro López Andrada"); en ella se encuentra la casa donde nació.
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