Me encuentro con la autora asturiana en las oficinas de Ediciones Siruela para hablar de su nueva novela. Lo primero que me dice es que “no es una novela histórica. Es más bien una novela lírica. Una narración fiel, pero con elementos de ficción. El escenario está muy condensado, es como un coloquio, una elegía y una evocación sobre la memoria y el tiempo”, dice la escritora. Y como elemento central tiene un posible encuentro entre ambas escritoras que no llega a producirse nunca porque Marina Tsvietáieva se suicida. Sí hubo una preciosa correspondencia entre ambas que nos dio muchas claves. Una tarde de otoño de 1941, al llegar a la gélida y desolada Chístopol, Anna Ajmátova tiene noticia de que Marina Tsvietáieva se ha suicidado. Veinte años después, antes de que llegue el olvido, Anna romperá su silencio escribiendo una larga carta para Marina, en la que le habla de la infancia, los hijos, los matrimonios infelices, los amantes y amigos, la pasión común por la poesía, las guerras, la revolución y sus derives; el terror y la muerte bajo el yugo estalinista. Quiere así completar y revivir el único encuentro que ambas mantuvieron aquel mismo verano en Moscú, cuando Marina regresó de su exilio. “He querido recordar, completar y restituir ese encuentro de dos tardes en Moscú. Mi intención era contar ese posible encuentro entre las dos poetas”, afirma Ana Rodríguez que para ella la poesía de ambas es muy distinta. “La poesía de Marina Tsvietáieva me cuesta un poco más de leer que la de Anna Ajmátova. Son obras muy distintas, pero ambas son magníficas”, afirma. “No he querido abaratarlas, he querido ser lo más fiel posible a lo que sucedió en la realidad y a sus obras, pero sí me he tomado algunas licencias. Por ejemplo, Anna utilizaba siempre el usted y yo empecé a escribir la novela así, pero me di cuenta de que no funcionaba. La voz no era creíble, así que cambie al tú y el problema desapareció. Es muy importante la construcción acertada de la voz”, revela la autora asturiana. Ana Rodríguez Fischer es profesora de literatura en Barcelona y realiza muchas críticas de literatura por “militancia”. Esa experiencia le dice que “las novelas tienen como eje el fabular. En esta ocasión, quería reconstruir esa suma de encuentros de las dos escritoras que van más allá de 1941. En cuanto empecé a escribir la novela no pude dejar de contarla. Siempre creí en esta historia”, asevera la autora de "Antes de que llegue el olvido". “La autoficción no es de ahora”En su opinión de profesora, cree que “ahora está muy de moda la autoficción, pero no es una cosa nueva. Pio Baroja lo hacía en muchas de sus novelas y Manuel Azaña también lo hizo en El jardín de los frailes. Hay mucho adanismo por ahí”. Su novela, evidentemente, no es autoficción, pero sí hay un elemento biográfico que se torna en fabulación cuando describe un posible encuentro.
Quiere Ana Rodríguez desmitificar dos cosas de ambas autoras, “Anna Ajmátova no era la musa del llanto y Marina Tsvietáieva no era una outsider, tampoco lo fue Ajmátova que se marchó al exilio después de la revolución; en Paris habló de ello, solía decir que en Francia se me edita, pero no se me lee. En Rusia, no se me edita, pero se me escucha”. Lo que sí quiere dejar muy claro es el sentido “innovador de su literatura. Innovar es estar en el futuro, tanto en lo sustancial como en la forma”. “El formato tiene que ser innovador. A veces suceden cosas trágicas que hacen reaccionar al escritor. El dolor azuza el ingenio y si no que se lo digan a Bulgakov”, sentencia. Para terminar, nos cuenta lo que una conocida escribió sobre su novela: “gracias por convertir a estos personajes en personas, por hacer a los poetas personas y no personajes y por dar voz y vida a una poeta, lo que debería servir para que siga en el presente”. Puedes comprar el libro en:
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